Tratan aguas residuales, generan biocombustible, dan lugar a nuevos
fármacos y su capacidad de reproducción en cultivos no tiene fin.
La ciencia nunca descansa. Y hay un campo donde los avances en los últimos años son tan relevantes como desconocidos: la investigación de microalgas. Es el nuevo ‘El Dorado’ científico, pero a diferencia del mito perseguido infructuosamente durante siglos por los exploradores en el Nuevo Mundo, este ya es una realidad, eso sí, de color verde. Una auténtica mina de oro inagotable por sus múltiples aplicaciones.
Las posibilidades son tan numerosas como impactantes. Permiten soñar con ciudades autosuficientes y sostenibles, donde estos microorganismos juegan un papel fundamental al transformar las aguas residuales en biocombustible de forma limpia y eficiente. También aportan activos para una alimentación más saludable y generan compuestos para productos farmacéuticos o cosméticos.
La dependencia energética es uno de los principales problemas de países como España por cuestiones económicas (importación de combustibles fósiles) como medioambientales (contaminación). El futuro está en las algas como fuente de energía limpia y renovable. Más en concreto en las microalgas producidas artificialmente.
Combustible limpio
Estos microorganismos utilizan la luz para transformar el CO2 en biomasa, aceites o azúcares que pueden ser utilizados para la fabricación de biocombustibles. Las investigaciones actuales se centran en desarrollar ese proceso de la manera más eficiente. Eso es precisamente lo que trata de conseguir el proyecto ‘All-gas’ que lideran un consorcio de seis empresas entre las que está Aqualia (filial de FCC). La investigación se basa en la generación de biocombustibles a gran escala a partir del cultivo de microalgas.
La cadena de producción comienza en las balsas de cultivo, donde se realiza la separación de la biomasa, la extracción de aceites y otros productos químicos hasta la producción de biocombustibles. «Las granjas de algas se transforman en biomasa. Luego se extrae el combustible y se convierte en gas», explicó Frank Rogalla, director de Innovación y Tecnología de Aqualia.
Los resultados en laboratorios han sido positivos. El siguiente paso es realizar el experimento pero en una zona cultivable de 10 hectáreas que se levantará en Chiclana de la Frontera (Cádiz). Según las estimaciones se generan 6.000 litros de aceite por hectárea y año. «Las microalgas generan tres veces más aceite que la mejor alternativa actual, que es el aceite de palma», explica Rogalla.
Pero, ¿por qué tienen tanto éxito las microalgas? Muy sencillo. Se trata de microorganismos que se pueden producir y controlar durante su cultivo. Esa es la principal ventaja. Los investigadores aceleran su crecimiento y potencian las características de las microalgas que más les interesa para una posterior aplicación. Así trabaja un equipo de la Universidad de Cádiz junto a la empresa Aqualia. Con financiación del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) este proyecto trata de optimizar la producción de biocombustibles a través de microalgas. El objetivo es el máximo aprovechamiento de las aguas residuales.
Pero no es la única vía de investigación. Uno de los proyectos más interesantes tiene que ver con el diseño de sistemas de bioproducción, es decir, de cultivo. Este programa se incluye en el proyecto Cenit Vida promovido por un consorcio de 13 empresas y 25 organismos de investigación coordinado por el instituto Ainia. La principal novedad consiste en el diseño de un fotobiorreactor. Este aparato permite cultivar de forma controlada las microalgas.
Para crecer, estos microorganismos necesitan agua, nutrientes como el nitrógeno, dióxido de carbono y luz. Los fotobiorreactores incorporan un sistema de intensificadores lumínicos y térmicos. «El equipo trabaja para que el cultivo de microalga sea lo más eficiente posible», asegura Mercedes Villa, técnico del departamento de Ingeniería y Procesos de Ainia Centro.
Grandes proyectos
Empresas de envergadura como Iberdrola colaboran con otras especializadas en I+D como Tecnalia para conseguir biodiesel a partir de aceites procedentes de cultivos de estos microorganismos. Tecnalia, en otro proyecto coordinado por Endesa, investiga sobre el desarrollo de tecnologías innovadoras de ingeniería genética aplicables a microalgas para la generación de los citados productos energéticos de biorrefinería. Según Amaya Arteche, investigadora de Tecnalia, «las microalgas constituyen una materia prima muy prometedora para reducir nuestra dependencia del petróleo».
Pero no todo es energía. Las microalgas también tienen aplicaciones en el campo farmaceútico. Y es que contienen compuestos como polisacáridos, lípidos, vitaminas o proteínas que podrían servir para nuevos productos farmacéuticos y otros químicos como antioxidantes.
Las microalgas también son capaces de absorber el CO2 y utilizarlo como fuente de carbono para transformar sustancias residuales. «Las microalgas captan el CO2 y se nutren de él. El dióxido que sale de las caldera domésticas e industriales se puede usar como nutriente», explica Antonio, jefe de departamento de Ingeniería y Procesos de Ainia Centro Tecnológico. «Las ciudades sostenibles, más allá de la ciencia ficción, deben asemejarse a ese concepto utópico de ciudades autosuficientes», explicó Tornero. Y ahí, las microalgas tienen mucho que decir.
Fuente: El Diario Vasco
La ciencia nunca descansa. Y hay un campo donde los avances en los últimos años son tan relevantes como desconocidos: la investigación de microalgas. Es el nuevo ‘El Dorado’ científico, pero a diferencia del mito perseguido infructuosamente durante siglos por los exploradores en el Nuevo Mundo, este ya es una realidad, eso sí, de color verde. Una auténtica mina de oro inagotable por sus múltiples aplicaciones.
Las posibilidades son tan numerosas como impactantes. Permiten soñar con ciudades autosuficientes y sostenibles, donde estos microorganismos juegan un papel fundamental al transformar las aguas residuales en biocombustible de forma limpia y eficiente. También aportan activos para una alimentación más saludable y generan compuestos para productos farmacéuticos o cosméticos.
La dependencia energética es uno de los principales problemas de países como España por cuestiones económicas (importación de combustibles fósiles) como medioambientales (contaminación). El futuro está en las algas como fuente de energía limpia y renovable. Más en concreto en las microalgas producidas artificialmente.
Combustible limpio
Estos microorganismos utilizan la luz para transformar el CO2 en biomasa, aceites o azúcares que pueden ser utilizados para la fabricación de biocombustibles. Las investigaciones actuales se centran en desarrollar ese proceso de la manera más eficiente. Eso es precisamente lo que trata de conseguir el proyecto ‘All-gas’ que lideran un consorcio de seis empresas entre las que está Aqualia (filial de FCC). La investigación se basa en la generación de biocombustibles a gran escala a partir del cultivo de microalgas.
La cadena de producción comienza en las balsas de cultivo, donde se realiza la separación de la biomasa, la extracción de aceites y otros productos químicos hasta la producción de biocombustibles. «Las granjas de algas se transforman en biomasa. Luego se extrae el combustible y se convierte en gas», explicó Frank Rogalla, director de Innovación y Tecnología de Aqualia.
Los resultados en laboratorios han sido positivos. El siguiente paso es realizar el experimento pero en una zona cultivable de 10 hectáreas que se levantará en Chiclana de la Frontera (Cádiz). Según las estimaciones se generan 6.000 litros de aceite por hectárea y año. «Las microalgas generan tres veces más aceite que la mejor alternativa actual, que es el aceite de palma», explica Rogalla.
Pero, ¿por qué tienen tanto éxito las microalgas? Muy sencillo. Se trata de microorganismos que se pueden producir y controlar durante su cultivo. Esa es la principal ventaja. Los investigadores aceleran su crecimiento y potencian las características de las microalgas que más les interesa para una posterior aplicación. Así trabaja un equipo de la Universidad de Cádiz junto a la empresa Aqualia. Con financiación del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) este proyecto trata de optimizar la producción de biocombustibles a través de microalgas. El objetivo es el máximo aprovechamiento de las aguas residuales.
Pero no es la única vía de investigación. Uno de los proyectos más interesantes tiene que ver con el diseño de sistemas de bioproducción, es decir, de cultivo. Este programa se incluye en el proyecto Cenit Vida promovido por un consorcio de 13 empresas y 25 organismos de investigación coordinado por el instituto Ainia. La principal novedad consiste en el diseño de un fotobiorreactor. Este aparato permite cultivar de forma controlada las microalgas.
Para crecer, estos microorganismos necesitan agua, nutrientes como el nitrógeno, dióxido de carbono y luz. Los fotobiorreactores incorporan un sistema de intensificadores lumínicos y térmicos. «El equipo trabaja para que el cultivo de microalga sea lo más eficiente posible», asegura Mercedes Villa, técnico del departamento de Ingeniería y Procesos de Ainia Centro.
Grandes proyectos
Empresas de envergadura como Iberdrola colaboran con otras especializadas en I+D como Tecnalia para conseguir biodiesel a partir de aceites procedentes de cultivos de estos microorganismos. Tecnalia, en otro proyecto coordinado por Endesa, investiga sobre el desarrollo de tecnologías innovadoras de ingeniería genética aplicables a microalgas para la generación de los citados productos energéticos de biorrefinería. Según Amaya Arteche, investigadora de Tecnalia, «las microalgas constituyen una materia prima muy prometedora para reducir nuestra dependencia del petróleo».
Pero no todo es energía. Las microalgas también tienen aplicaciones en el campo farmaceútico. Y es que contienen compuestos como polisacáridos, lípidos, vitaminas o proteínas que podrían servir para nuevos productos farmacéuticos y otros químicos como antioxidantes.
Las microalgas también son capaces de absorber el CO2 y utilizarlo como fuente de carbono para transformar sustancias residuales. «Las microalgas captan el CO2 y se nutren de él. El dióxido que sale de las caldera domésticas e industriales se puede usar como nutriente», explica Antonio, jefe de departamento de Ingeniería y Procesos de Ainia Centro Tecnológico. «Las ciudades sostenibles, más allá de la ciencia ficción, deben asemejarse a ese concepto utópico de ciudades autosuficientes», explicó Tornero. Y ahí, las microalgas tienen mucho que decir.
Fuente: El Diario Vasco

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